Es una tarde silenciosa de finales de otoño de 1947. En el laboratorio de la Universidad de St. Louis, en el estado de Missouri, los ojos de Rita Levi-Montalcini se acercan al microscopio. Sin un programa definido, como siguiendo el surco de una ceremonia habitual, Rita se entrega al ejercicio de leer las secretas escrituras de las células. Afuera, la tierra se separa de sus últimas hojas, como en una lenta y confiada convalecencia hacia el invierno. Las largas jornadas de trabajo de la investigadora han traído pocos frutos, desde su llegada al campus y a la ciudad del Midwest. Pero sólo esporádicas excursiones en bote sobre las aguas fangosas del Mississippi la han distraído de su obstinada labor. LEER COMPLETO
Reproducimos con la debida autorización del editor -Adriana Hidalgo Editora S.A. (2010)- a quien siempre agradecemos, el siguiente capítulo del libro Blues del importante escritor argentino Edgardo Cozarinsky.
Un atardecer de 1978, sentado ante una mesa de café en el puerto de Rodas, me distraje escuchando la conversación de dos mujeres sentadas detrás de mí. Por la voz las adiviné nada jóvenes, pero no esperaba encontrarme con las ancianas acicaladas y rijosas a quienes descubrí cuando finalmente me atreví a abordarlas.
-Disculpen, señoras. No pude evitar oír su conversación. Soy argentino, mi idioma es el castellano. Me llama la atención su acento. No logro ubicarlo. ¿De dónde es?
Somos de Toledo –informó la que parecía más divertida con mi intrusión.
¿De Toledo? He estado en Toledo y sin embargo no oí a nadie hablar como ustedes. LEER COMPLETO
Cansado yo de este oficio de escribidor –que es como correr por tiempo completo sobre una montaña rusa-, decidí conseguir un trabajo estable y, por supuesto, pensé en mi amigo Chicho. Lo llamé y le dije:
-Chicho, me gustaría trabajar en…
Él me interrumpió:
-¡Por fin quieres trabajar! Bien, ya sabes que puedes hacerlo en mi barco pesquero o en mi fábrica de talco para bebés –ofreció.
-Es que mira, Chicho, solo ver el mar me da mareo…
-Entonces trabaja en mi fábrica de talco –insinuó.
-Tampoco podría hacerlo –repliqué-. Desde que yo era un bebito, los polvos me causaban tremenda alergia. LEER COMPLETO
Recordar, resignificar, reconstruir, sanar, restaurar, son todos términos asociados con aquello que para Rubén Gutman es el ejercicio de su profesión, el psicoanálisis. Rodeado de un ambiente sobrio y acogedor, custodiado por esculturas de madera tallada, tapices, antigüedades y piezas de museo, ejerce su propio arte, el de acompañar a seres humanos a emprender el camino del autodescubrimiento. Dueño de un humor fino y de una mirada cálida y penetrante, Rubén nos lleva con sus palabras por el fascinante mundo del psicoanálisis, y de sí mismo. LEER COMPLETO