El círculo de las comunicaciones ‘celestiales’
por Nachum Schwartz
Usted sabe seguramente que en materia de círculos no solamente existen los geométricos. Ahí están también los círculos de periodistas, de lectores, los políticos, los sociales, etc. Y uno más: aquel alrededor del cual nos hacen circular como en embriagante carrusel, el de las comunicaciones celestiales.
El otro día me ví precisado a llamar por teléfono a mi banco. Marqué el número, y de inmediato oí una voz femenina.
-Banco La Guaca Nacional, para servirle hasta en las últimas.
-Gracias, señorita –dije-. Me encanta el lema, pero espero no llegar a esas últimas. Por el momento solo quisiera hablar con el gerente.
Se escuchó un clic, y…
-A sus órdenes –me llegó ahora una inconfundible voz masculina, nasal y parsimoniosa, en que las palabras parecían arrastrarse una tras otra.
-¿Hablo con el gerente? –pregunté.
-Con el mismo –respondió como en cámara lenta-. ¿En qué puedo servirle?
-Se trata, señor gerente –empecé a explicar-, que ayer recibí una nota de débito de su banco, en que me cargan unos intereses sobre una carta de crédito. Esos intereses suman la friolera de cincuenta y ocho mil trescientos cuarenta y dos pesos con setenta centavos. Al chequear yo la nota, pude constatar un pequeño error. En realidad, los intereses debían ser cinco mil ochocientos treinta y cuatro pesos con veintisiete centavos. Aparentemente, señor gerente, a ustedes se les corrió un puntito… en contra mía. Pero cargaron los cincuenta y ocho mil y pico a mi cuenta corriente, y esta aparece ahora en rojo, en cincuenta y siete mil sesenta y ocho pesos con noventa y un centavos. Yo le agradezco su generosidad en permitirme tamaño sobregiro, pero usted comprenderá que ese “negocio” no me conviene, y…
Clic. Abruptamente se escuchó el clic, interrumpiendo mi explicación.
-Jefe de cobranzas, a la orden –escuché otra voz-. ¿En qué puedo servirle?
-Mire, señor, ayer recibí una nota de débito de su banco, en que me cargaban unos intereses descomunales sobre una carta de crédito. Esos inter…
Clic. Nueva interrupción en uso de la palabra. Y una nueva voz. Pero parecida a la de Libertad Lamarque cuando cantaba el tango ‘Ayúdame a vivir’.
-Secretaria de cobranzas, para servirle… -cantó la chica.
Un poco contrariado, empecé nuevamente mi retahíla:
-Señorita, ayer recibí una nota de débito… ufff… por la suma de cincuenta y…
Esta vez no hubo clic. La ‘Libertad Lamarque’ me interrumpió melodiosamente para decir:
-Hable con Marta, señor. Ella es, en realidad, la mano derecha del jefe.
Y una cuarta voz apareció en escena:
-A sus órdenes, ¿en qué puedo servirle?
-¿Es usted Martita? –pregunté.
-¿Cómo supo mi nombre, señor?
-Me lo dio Libertad, digo, una compañera suya… -respondí confuso.
-Ah, debe ser Libertad Márquez. Es la única en el banco que se cree tanguista y le sobra tiempo para andar gorjeando –me explicó, haciendo resaltar la coincidencia musical que yo había intuido-. Pero, dígame, ¿qué se le ofrece?
-Resulta, Martita, que ayer recibí una nota de débito…
Y expliqué todo el embrollo hasta el final. La chica me escuchó pacientemente, pero al terminar yo la perorata, dijo con rapidez:
-Creo que este es un asunto para el Departamento de Cartas de Crédito, señor.
Sin darme tiempo para un pestañeo, agregó:
-Lo comunicaré, y… ¡Clic!
-Cartas de Crédito, a sus órdenes.
-Ayer recibí una nota de débito en la que me cargaban tremebundos intereses sobre una carta de crédito…
-¿Interna o externa, señor?
-¡Externa!
Clic.
-Sección de cartas de crédito externas, para servirle…
Otra larga exposición de mi caso. Silencio.
-¡Aló! ¡Aló! –grité.
-Un momentito, por favor, no se impaciente, estamos en consulta –escuché la tranquila voz del otro.
Silencio. Ningún clic.
-Señor, su asunto debe ir a consulta superior –alcancé a oír después de una eternidad. Y clic.
-A sus órdenes… -dijo por fin una voz cuya cadencia se me hizo familiar.
¡Claro! ¡Era la inconfundible voz masculina, nasal y parsimoniosa del gerente, en que las palabras parecían arrastrarse una tras otra!
¡Clic! Esta vez fui yo el del clic. Extenuado, decidí romper el círculo de las comunicaciones ‘celestiales’… |